lunes, 1 de diciembre de 2008


Ahí está!
La grisácea mutilante
sedienta de sueños, tiempo, locura
que como un espectro
va rasguñando al viento
en su afán de ver sangrar
lo que ya está muerto.

A veces se confunde
a veces se convierte en piedra
y otras veces en un árbol encantado
en el bosque de los mil sueños
y existencias.

El tiempo le pesa
el tiempo se le escapa.
El tiempo se le hace eterno
a esa verde grisácea.

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